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Instrucciones para ser (INAH)ceptable

Hay muy pocas cosas en la vida que son realmente fáciles de lograr: llegar tarde al trabajo por la mañana, llenarse la ropa de pelo de gato y hacer enojar al INAH. Resulta incluso un tanto absurdo hacer un instructivo de cómo ponerse justo en la mira de tan prestigiosa institución, cuando basta tener la osadía de servir café en la esquina equivocada para recibir una amable explicación de más de cuatro páginas de por qué se está haciendo todo bien para no estar en su lista de favoritos. Sin embargo, ya que estamos en esto de buscar por todos los medios entrar (y permanecer) en esa distinguida listita, no está demás un instructivo hecho a la medida. 

Comience por sentarse en el sillón de su casa, o en el piso si no hay presupuesto para muebles, y tenga la brillante ocurrencia de abrir un local en el pintoresco centro de Querétaro. Qué ofrecer y cómo hacerlo carece de la menor importancia, pues pronto caerá en la cuenta de que al municipio le da lo mismo lo que haga: el tener el ímpetu de hacer algo meramente inofensivo, cualquier cosa, será razón suficiente para provocar la extraordinaria acción de que se mueva (no espere que se levante de su silla para arreglar una banqueta o una coladera, confórmese con que se movió para escribir un oficio con todo y su nombre sin faltas de ortografía). 

Supongamos, por motivos didácticos, que decide abrir una cafetería. Elija como ubicación de su local cualquier lugar del centro y ponga, sin la mayor preocupación, unas banquitas afuera de su negocio para que la gente pueda disfrutar de una taza de café mientras se le ocurre hacer uso de la vía pública. Créame, no pasará mucho tiempo antes de que reciba un documento sumamente bien redactado donde se citen los artículos 207 y 208 para hacer mención de todos los lugares donde “queda prohibida la colocación de mobiliario particular relativo a mesas, sillas y sombrillas”. 

No se desgaste queriendo hacer propuestas nuevas de cómo usar el espacio público ni generando oportunidades laborales ni se abrume tratando de hablar sobre la cultura cero basura ni buscando abrir ninguna especie de diálogo que toque en lo más mínimo lo cultural. Recuerde que para eso está el estado y que usted no es el “responsable de la conservación de los monumentos” ni nada por el estilo. Mejor opte por no usar vasos desechables y servir su café en tacitas de cerámica, le aseguro que logrará la atención que desea sin esfuerzo alguno. Tampoco quiera hacer crecer su negocio más de lo necesario como para que la gran institución se haga de la vista ciega y lo deje romper sus propias reglas, o mejor aún, quítese sus lentes y pretenda también que no ve otras banquitas por ahí. 

En pocas palabras, a menos que vaya a invitarle una dona de Tim Hortons al encargado del INAH para darle las buenas nuevas de que cerrará su negocio para unirse a una empresa extranjera, continúe siendo un locatario con el más mínimo deseo de mejorar. Verá que pronto estará en el primer lugar de la lista de las cosas (Inah)ceptables.